Jerusalén, sagrada para el cristianismo, el judaísmo y el islam, es una urbe disputada en la que la comunidad internacional no reconoce desde hace 70 años soberanía ni a israelíes ni a palestinos hasta que estos lleguen a un acuerdo de paz.

Si el presidente Donald Trump la reconoce como capital de Israel y ordena que se traslade aquí la embajada estadounidense, como informó la Casa Blanca, Estados Unidos romperá un consenso internacional de décadas y pasará por alto toda una serie de resoluciones de Naciones Unidas sobre la ciudad.

Desde 1947, cuando la Asamblea General de la ONU aprobó el Plan de Partición de Palestina entre un Estado árabe y otro judío con la resolución 181, el estatuto de Jerusalén está por determinar. El plan establecía que la ciudad y sus alrededores (incluido Belén) quedarían bajo control internacional durante una década y preveía la celebración de un plebiscito para decidir su condición.

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